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sábado 21 de abril de 2007

CIUDAD Y PROSTITUDAS

CAPITULO UNO. La Espera

Un paradero /Gladys González/

En Gran Avenida
hay un paradero
y una chica
que lo habita
su corazón está oxidado
como las vigas de metal
que sostienen la estructura
por tantas historias
tatuadas en forma violenta
sobre la superficie
en Gran Avenida
hay un paradero
aún más triste
y una chica que lo habita
un paradero que ha visto todo
y que se convierte
en el esperadero silencioso
de la persistencia

Quisiera decir que la espera no solo se asocia a las Prostitutas, sino también a la Ciudad. El paso entre el Amor y el Odio es solo uno, y el de una espera pagada y una sin fines de lucro, también.
La Gran Avenida ha acogido en su magnitud total, tantas esperas como paraderos de micro antigua han existido. Recuerdo que la posibilidad de adueñarse de un trozo de vereda o de calle, aparte de ser gratis, la convertía en un gran burdel de acceso libre. Cada estación de detención podía significar una espera más y, por consiguiente, la posibilidad de ser parte activa de este burdel.
Aquí las putas –y putos- son carnosas, les gusta agarrar y ser agarradas. El pernil deja de ser solo un elemento animal para convertirse en el sinónimo de un trozo de su pierna. Son cariñosas y, lo mejor, de lunes a lunes, las 24 horas del día. Lo bonito de las micros amarillas era la posibilidad de participar de este gran circo a toda hora.
Pero, ¿desde cuando esta magnifica casa de citas se convirtió en una vil perra toplera sedienta de dinero? Si bien uno tiene el mismo derecho de esperar en su paradero preferido a la hora que quiera, lo cierto también es que la violación constante de esta posibilidad de habitar su pedacito de vereda está logrando que la pelea por la calle se la ganen los automóviles, y las peleas por un paradero inespacial las capitalice Transantiago
Lo peor de todo es que solo van quedando las prostitutas que cobran. Esas que realmente tienen el titulo de perras. Gran Avenida se nos concesionó.