EL HIPÓDROMO
PERIFERIAS CENTRALES
Conozca los nuevos avances en la Teoría Arquitectónica.
02. El Hipódromo.
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02. El Hipódromo.
por Francisco Diaz
El surrealismo puede materializarse. Un borracho durmiendo bajo las ruedas de un Mercedes Benz convertible mal estacionado a la pasada, y una pareja de Carabineros que no dice ni hace absolutamente nada. Ese lugar existe, en la comuna de Independencia.Tan solo 200 pesos separan el sector VIP del pueblo, pero a nadie le interesa invertir en fingir un estatus. Esos 200 pesos pueden ser el origen de una repentina fortuna. Estamos en el Hipódromo Chile.
El “dato”-que tantos dolores de cabeza le ha traído a los arquitectos- es aquí la diferencia entre la riqueza repentina o la bancarrota. Acá se juega. La astucia, la intuición, la confianza o la suerte, se ponen en juego junto al sueldo de la semana, la herencia familiar o los dividendos de las acciones. El hipódromo es un lugar donde se corren riesgos.
Pero su entorno, o mejor dicho su “ambiente”, no revelan absolutamente nada de esto. En el hipódromo se vive una fiesta permanente. La gente arriesgada no se mide, y el derroche festivo es la condición identitaria que transforma a este lugar en lo que es: una fonda dieciochera a escala urbana, abierta todos los fines de semana. La esencia de eso que algunos llaman “la chilenidad” (pese a tratarse de un deporte internacional).
La arquitectura, soporta a duras penas una actividad –la fiesta permanente- para la que no fue preparada. Unas típicas graderías con marquesina a un cuarto de capacidad, techan un interior de gran escala, donde las fuentes de soda, las pantallas de televisión y las cajas de teletrak animan un espacio demasiado grande y bruto como para fijarse en él.
Las cervezas a luca, y los sándwiches de guatitas con longaniza a 500, pueblan las mesas cuadradas con sillas plásticas rojas. Da lo mismo estar afuera o adentro. Para las apuestas y las cervezas, no hay lugar privilegiado. El gran interior se suma a los toldos, las graderías o el pasto. Cualquier lugar es agradable para tomarse una cerveza con los amigos mientras se espera la carrera para la que tenemos un dato.
La circulación es permanente, indiferenciada. Solo importa la cerveza en la mano, y los 200 pesos mínimos para apostar. El paseo festivo es el programa del hipódromo. Hasta el óvalo central pasa a segundo plano cuando la consigna es estar alegre.
Las pantallas –diseminadas en masa por todas partes- acercan la carrera a quienes no quieren perder la comodidad de la conversación en el pasto. La arquitectura que debía recibir a los espectadores, es reemplazada por los monitores. La gran construcción solo sirve para localizar el Hipódromo en Google Earth.
Mientras tanto, en cualquier parte, la fiesta continúa. Para pasar una tarde agradable, no necesitamos preocuparnos por la arquitectura





3 comentarios:
puta el wn es arquitecto asi que no me sorprende el texto, que no se aburra y siga postenado no mas
Es interesante pensar en "hasta que punto, lo que uno se supone debería hacer (construir edificaciones) influye positivamente (no en el sentido de Bueno, sino en el sentido referente a la intención de hacer la cosa. ejemplo: Por negación del hecho construido los tipos están tirados en el pasto viendo los monitores) en la vida de las personas.
bueno, yo entré a estudiar por eso, asi que lo trataré de resolver en los años que me quedan
Buen artículo, yo creo que este tipo de experiencias son las que alimentan la creatividad del arquitecto, "construir hechos" como decía Aravena.
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