Modelos económicos: nuestro pecado social
Sebastián Edwards, influyente economista de la PUC, Graduado en Chicago acaba de decir algo terrible pero revelador, no han pasado 5 minutos que lo escuché: “…la guerra fría la ganó, no Estados Unidos, pero sí el mundo capitalista anglosajón, por lo que tenemos que elegir un modelo del mundo anglosajón: puede ser el de Tony Blair, el de Bill Clinton o el de la Merkel, pero no hay otra alternativa”
Ya me he referido en otras ocasiones a cómo nuestra fijación por lo que viene del extranjero constituye un “pecado social”, concepto proveniente del pensamiento social de Juan Pablo II, que identifica una estructura del pecado: una estructura social viciada que produce todos los demás pecados menores.
Que tenemos que mandar a tal cantidad de profesionales a estudiar afuera, que tenemos que dar un subsidio a la importación de tecnologías, etc. Suma y sigue.
La Saskia Sassen afirmaba en su visita reciente, que el salto de una economía material como la de Chile (cobre, vino, frutas) hacia una “economía del conocimiento” que en resumidas cuentas es equivalente a decir “desarrollarse” no se lograba importando este conocimiento, sino que todo lo contrario: mirando la historia económica profunda propia, y sacando lecciones a partir de esta.
Nuestro pasado económico esta marcado primero por la construcción de una economía capitalista por parte del Estado durante el SXIX, durante el siglo XX la aplicación fallida del modelo cepaliano, para terminar como ratones de laboratorio el ultimo cuarto de ese siglo, siendo el primer país “neoliberal” del mundo. El mundo no adoptaría el Neoliberalismo hasta los años 80, siendo que en Chile, el año 82 ya había hecho crisis el modelo neoliberal –que en el resto del mundo se dio en los 90 con la crisis asiática, la cual Chile resistió mucho mejor en gran parte por la experiencia del 82-
Como se pueden dar cuenta, nuestra historia está marcada por la importación de modelos, los cuales todos tarde o temprano han hecho crisis y han sido reemplazado por otros. Sin embargo es evidente una cosa: Chile sigue siendo, a pesar de avances o retrocesos, una patria sumamente excluyente y desigual.
Esto se puede constatar empíricamente: todos nuestros modelos han sido desarrollados fuera de Chile, sin embargo todavía existen desigualdades profundas, y quizás hasta se han profundizado.
Este hecho innegable, es pasado por alto por el importante economista que cité al principio, y cuya frase para el bronce me mueve a escribir rápidamente estas líneas: a Chile le viene mucho mejor una vía Chilena a capitalismo, una liberalización del mercado con sabor a empanadas y vino tinto, que la adopción de modelos económicos que están ligados a otras culturas, otras religiones, en definitiva: modelos económicos que corresponden a otros ethos, y no al chileno.





1 comentarios:
Concuerdo completamente con Tai. Basta con echar una miradita a los cambios económicos producidos con la conquista de nuestro continente (los albores del capitalismo moderno europeo) para comprender como, de ahí en adelante, todo ha sido un gran y sucesivo error.
Como pueblo hemos sido eternamente inseguros y sometidos (casi por gusto): siempre hemos esperado la aprobación del resto. En cada uno de nuestros logros, precisamente, hay más sabor a hot-dog que a empanada y chicha.
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